
PARECE QUE A todas las religiones sólo les importan los enfermos,
los pobres, los desvalidos.
A nadie le importas tú con tus riquezas, tu grandeza y tu esplendor.
Yo te digo: a menos que te ames a ti mismo, a menos que
hayas encontrado tu riqueza interior, tu esplendor, no serás
capaz de compartir tu amor con nadie. Es verdad que el enfermo
necesita cuidados, pero no necesita amor. Esto tiene
que entenderse, porque el cristianismo ha hecho de ello casi
una verdad universal: que amar al enfermo y al desvalido es
lo más religioso, lo más espiritual. Pero esto va absolutamente
en contra de la psicología y de la naturaleza. Cuando amas
al enfermo no le estás ayudando a recuperarse de su enfermedad,
porque cuando se restablece nadie le ama. La enfermedad
es una buena excusa para provocar la compasión de los
demás.
Tal vez lo hayas visto, pero puede que nunca hayas pensado
en ello. A veces la esposa ha estado trabajando todo el
día, perfectamente, pero cuando ve por la ventana que el marido
regresa a casa, se recuesta en la cama.Tiene dolor de cabeza…,
porque si no tiene dolor de cabeza, el marido no le
demuestra ningún afecto. Pero si no se encuentra bien, el marido,
aunque sea de forma reticente, se sienta junto a ella, masa
jea su cabeza, le demuestra algo de afecto, le dice algo agradable.
Durante meses no la había llamado «cariño», pero cuando
tiene dolor de cabeza la llama «cielo». Y eso es lo que ella
quiere oír: «Te quiero cariño; y no sólo hoy, sino que siempre
te querré».
Es extraño que sólo demuestres amor a tus hijos cuando
están enfermos. No comprendes que provocas una sencilla
asociación psicológica: se relaciona estar enfermo con ser querido.
Cuando el niño necesita tu amor, tiene que enfermar. ¿A
quién le importa un niño sano? ¿A quién le importa una esposa
saludable? ¿A quién le importa un marido sano? Pareciera
que el amor es como la medicina: algo que solamente
necesitan los enfermos.
Quiero ser muy claro contigo: cuida del enfermo, pero
nunca le demuestres amor. Cuidar de un enfermo es algo totalmente
diferente. Sé indiferente, porque un dolor de cabeza
no es gran cosa. Cuídalo, pero evita decirle dulces naderías;
cuídalo de una forma muy pragmática. Dale la medicina, pero
no le demuestres amor porque eso es perjudicial. Cuando un
niño enferme, cuídalo, pero muéstrate indiferente: que el niño
entienda que enfermando no podrá chantajearte.Toda la humanidad
está chantajeando a los demás. La enfermedad y la
vejez se han convertido casi en una exigencia: «Tienes que
quererme porque estoy enfermo, porque soy viejo…».
Cuando alguien enferma le demuestras cariño… Y ésa es
la rutina que ha seguido la humanidad. A la persona enferma
no le demuestras que estás enfadado —aunque estés enfadado—.
A la persona enferma —aunque no sientas por ella ningún
afecto— le demuestras afecto; y si no afecto, al menos
simpatía. Pero eso es perjudicial, va en contra de los descubrimientos
de la psicología…
Debes amarte a ti mismo sin pensar si te lo mereces o no.
Estás vivo; eso es suficiente para merecer amor, al igual que
mereces respirar. No piensas si mereces respirar o no. El amor
es el alimento del alma, al igual que la comida lo es del cuerpo.
Y cuando estés lleno de amor por ti, podrás amar a los demás.
Pero ama a la persona sana, vital.
Cuida al enfermo, cuida al anciano; pero cuidar es un asunto
totalmente diferente. La diferencia que hay entre amar y
cuidar es la misma diferencia que entre una madre y una enfermera.
La enfermera cuida; la madre ama. Cuando un niño
está enfermo, es mejor que la «madre» sea sólo una enfermera.
Cuando el niño está sano, ámale tanto como puedas. Deja
que el amor se asocie con la salud, la vitalidad, la inteligencia;
eso le ayudará largamente en la vida.
Osho